Por: Nicolás GonzálezUn Beso con sabor a TabacoAnoche pude ver en tus ojos y en el sutil temblor de tus labios que querías un beso con sabor a tabaco; esporádicamente, como una estrella que tiembla de frío en el espacio mirabas mi boca que no dejaba de hablar y de hablar con la elocuencia de un orador, sobre la magia del arte y otras cosas, que estremecen tu alma de soñadora.
Tu corazón solitario, al ver que en el mundo viven seres románticos como yo, clamaba demandando un beso que moviera las raíces de lo cotidiano con un poco de ilusión y locura. Se que querías un beso con sabor a tabaco, porque seguías con tus ojos acaramelados el humo que brotaba de mis labios como si se tratara del fantasma de un ave extinta que hacía revuelos por el cielo.
Detestas los vicios, pero en tus ojos, sinuosa se movía una rebeldía enamorada del tabaco. Lo sabía porque oía cada uno de tus ruegos por dirimir la soledad que congeló tu corazón hace tiempo, y tú sabías que yo me hacía el sordo ante tu monólogo ávido de amor.
Lo sabía todo y no quise darte a probar de mi lengua romántica, porque hace tiempo te ofrecí estos mismos besos y tú los rechazaste. Ayer eran besos con sabor a café y poesía, hoy son besos enjugados en la mezcla de los vicios que dan inspiración al poeta…
Reflejo¿Qué hace de mí
Un hombre pulcro a la mirada?
¿Acaso será mi traje
Al estilo antiguo
O mi reputación letrada?
¿Seré yo entonces,
Investido de este juicio ajeno,
El caballero real que todos piensan
O un residuo de una sociedad
Ya extinta, que camina entre la gente
Intentando revivir difuntos soles?
Caminante triste¿Adonde habrán volado mis alas
que me han dejado sobre tierra?
Las he visto elevarse con sutileza
como un llanto solitario
hacia una estrella;
se han vestido de luna ajena
para lustrar sombrías espaldas
en noches más lejanas y desoladas.
Un destello atravesando la azul cortina
de mi eterno soñar me pareció ver,
creo que eran ellas, volando como ángeles
prófugos del día, enamorados de la noche.
Y quise llorar; pero sólo vino
destilaron mis ojos atribulados
-Ebrios vigías de poemas por venir-
¡Cómo me faltan mis alas
para ir y venir de otros mundos!
¡Cómo quisiera estar bebiendo lágrimas
y no llorando vino por mis alas!
¿Adonde habrán volado mis alas
que me han dejado sobre tierra?
¿Sobre qué otra espalda afortunada
Estará posado mi pedacito de cielo?
¡Ah, cruel designio caminar
sobre estas piernas débiles
que en otros tiempos solían flotar!
BodegaMi pecho es la bodega
donde se fermenta el vino
que emborracha con sabor
a tristeza y soledad.
Allí se acumulan las botellas
profusas de licor mustio,
bebida que agrisa la mirada
y torna el verso adusto.
Pasados ya los años
el sortilegio en la caverna
como leve viento, vuelto tormenta
adquiere poder y reduce las fuerzas
de este, mi cuerpo adolorido.
El reloj tiembla en el bolsillo
marcando la hora de beber
aquel brebaje sombrío,
la amargura hecha copa,
mi tristeza gota a gota.
Nicolás González GuitierrezPor: Laura ArdilaDIBUJOS IN-VERSOSEl lápiz se resbala más rápido que mi mente, como si cobrara vida propia y dibujase palabras violetas sobre mi cuerpo y amarillas sobre tus sabanas, descifrando alegrías y tristezas dentro de una copa de vino Nepente, confundiendo mares verdes con cielos de pepitas acidas, donde la cordura y la elocuencia son inversas en el mundo de los irreales empapados de locura,
donde subrepticiamente se calcan los cuerpos del arte de sentir y de las lágrimas con olor a mar.
Donde al fin después de tanto recrear mentiras, trasformamos verdades en caricias ocultas tras los ojos.
DELIRIO DE LA SI-NO REALIDAD NOCTURNA¡Estuvo bien! la noche, más que el día, es la que me dirige hacia las claridades mas próximas de la realidad, ¿Qué realidad? … La de la vaguedad de mis delirios subrepticios, latentes, nefastos, inefables y enigmáticos donde me siento como lo que no soy, aunque… ¿Quién soy yo para saber quien soy y lo que no sé de mi? Si todo el tiempo improviso momento a momento tras los enrejados calvarios de mi sentir, absurdo en el porvenir de los días que me faltan por robar, y las noches que sin pasar ya son mÍas.
CALEIDOSCOPIO
Crepusculares formas venidas de un orificio de mi cabeza, donde los colores se convierten en sabores y olores rosanaranjamovimientosinvida.
Estrecho caudal de imágenes abstractas y coloridas, donde los gritos visuales de aquellos que se encuentran encerrados entre espejos rotos, se proyectan al infinito del sin tiempo y de lo eterno.
Se que existe alguien observándome desde la punta del precipicio de mis miedos inefables, siempre al acecho del día en que sin querer quede atrapada entre telarañas y fragmentada entre las alas de hada sin magia, y ojos de gato sin enigma.
Danza sin TiempoLa música me produce vibraciones abstractas, paralizándome el pensar y abriéndome a las sensaciones tan sublimes como la magia del momento de mi encuentro con ella, me vuelca el alma y los imaginarios que rondan en mi mente, me crispa cada poro de la piel y el ocaso de las margaritas que me persiguen con el afán de poseer cada rincón de mi cuerpo, y corro abriéndome paso entre las mariposas que me rodean, para después acurrucarme entre cada sueño de pájaro que libera mi sentir, dando giros en el suelo que me llevan a imaginar que navego en un océano de aire, fuego, tierra, agua y firmamento, convirtiéndome en un liviano pez de mil colores nunca percibidos por el hombre, o en el enigma que atesora un gato en sus ojos, lanzándome desde el abismo que conecta la vida con la muerte, y lo eterno con lo efímero, cayendo en el vacío de lo inexistente y lo inexplicable, para levantarme con las ganas más inmensas de no entender nada de lo que pasa a mi alrededor, solo quiero seguir rondando solitaria por mis vagos destinos entre la nada y el desenvolvimiento de las cosas que me pasan por pensar que el amor existe fuera de un amanecer rojizo violeta y un crepúsculo amarillo y vuelvo a recaer en las ganas de lanzarme desde aquel abismo, feliz porque soy inmortal.
Laura Ardila
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Por: Irene VelazcoHay días en los que Irene no quiere hacer nada, días en los que le da pereza que le de pereza, entonces lo único que quiere hacer es mirar el punto fijo universal del que se enamoran las personas que no quieren ni pueden hacer nada.
En esos días, no porque quiera, sino porque le llegan a la cabeza, Irene empieza a recordar, piensa que el centro no es lo mismo sin el letrero de Bienvenidos al centro en la 39 con 13, piensa que la séptima no es lo mismo sin la vaya publicitaria de Sanyo, en fondo anaranjado, ni sin el aviso de Pepsi pintado en un fondo blanco en el costado de un edificio de ladrillo, que el mercado de las pulgas era mejor en la 19 con quinta.
Pero también piensa que ella no es la misma después de vivir en la misma ciudad unos años, que tal vez en otros años más estará parada en unos zapatos rojos de tacón y punta redonda.
Que la ciudad cambia, y con ella las personas, no se puede ser la misma en una ciudad que ya no combina con la ropa que se pone, que la ciudad apresa, pero también libera, que si no fuera por la ciudad, no habría parque nacional, y que mal que fuera así, que si no fuera por la ciudad, Irene no podría pensar en los ladrones como malandrines de la noche con caras de animales que danzan al unísono del corazón del atracado, no podría imaginar una danza circular alrededor de la persona aterrorizada, que con su pulso, marca los compases de la noche que lo desampara de poquito a poquito, y lo deja desnudo entre sombras chinas, en galerías.
A veces le entran a Irene unas ganas incontrolables de caminar por calles que no conoce, para encontrarse algo que sabe que la está esperando, tal vez un gato vestido de piel delgada pegada a los huesos, o una ventana abierta con ropa estirada que quiere salir volando, tal vez quiere encontrar otra ventana con siluetas por detrás, para mirarlas y tener una función en sitio.
Porque quiero decir; Irene recuerda la época del racionamiento de luz, y se acuerda de que le tocaba escuchar radio de pilas y la lluvia, todos se inventaban algo que hacer en esas tardes.
Ahora Irene piensa que la ciudad, es como una onda acústica, que va viajando por el tiempo, y en los 90 se encontró con el futuro, con unos años un poco grises y de tonalidades negras, rojas y blancas, años de oficinas con módulos para cada trabajador, separados por acrílico opaco, que sólo dejaba ver las siluetas y los colores fuertes, como el rojo, a veces sustituido por amarillo y fucsia.
Pero también piensa que Bogotá es un teatro, y que si se sale de un espacio llega a otro con una escenografía completamente distinta y con actores que representan diferentes roles, cómo negar, lo que ocurre caminando por el centro, si se pasa de la candelaria a la décima, se deja de ver gente bonita con ropa muy cara tomando trago barato, por sentirse bohemios, y se empieza a ver gente fea y elegante, mujeres con minifaldas y piernas extremadamente cortas, y medias veladas rotas, hombres con la camisa abierta y cadenas de oro, ellos tomando aguardiente porque les sabe más y les sabe a caña.
Irene encuentra dulce salir una madrugada por la décima, caminando sin esquivar buses y viendo cómo las criaturas de la noche se esconden en el día, con ese frío al que son inmunes. Más del 70% de la ciudad es puta, los mariachis son las putas de la música, los buses, putas de la calle, ¡ay!, las jovencitas son putas también, la ciudad las prostituye, ciudad cabaret con paraderos de charol blanco y cortinas de tiras con pepas de colores y árboles con follaje de peluche rosado.
En esos días Irene no hace nada, pero piensa.
RitualComplicidad,
parto, juego de manos escultoras y material que una vez tocado,
deja de serlo.
Ahora hace parte de la creadora,
¿quién es escultor y quién escultura?
Ya no se sabe, la diferencia está escrita en la línea de la mano,
la rebelión del material, que abandona su coraza
y se da a la fuga,
entre dedos complicados que tratan de tapar a ensoñación,
que se les escurre por el medio.
Gracias por no haberlo logrado,
gracias por permitir tal confusión,
el yo no se ofende por convertirse en piedra,
la arcilla tampoco por convertirse en ojo humano.
Los pies, en cambio,
reclaman su oportunidad de alcanzar la cúspide
entre los pinceles, escondidos
tras el ritual de la masturbación pictórica.
ÁfricaAbsorción onírica de las raíces.
Ser para la tierra, y tierra para ser.
África,
fuego cíclico de creación y destrucción.
Respiración azucarada,
dulce éter, digerir y desechar noches animales.
Volver.
Gratitud en la cesta hilante,
permanente,
de la unidad.
Irene Valasco
Por: Andrés CastañoAl Poeta del MundoSi resuenan las banderas y la épica se hunde en los maderos de un barco oscuro perdido, será clamor tu mirada, hombre caminante y conductual, será incendio en la vorágine nauseabunda que te rodea y abraza. Llamarada en tu sangre un amor fundó, tal vez, por temores a la pluma que culpaste de tu desgracia, la misma que colabora como espada que lancina y antorcha que ilumina noches.
Nocturno perdido pero nunca esclavo, batalla permanente, nunca deslumbrado con la parafina eterna del tiempo ni cercano a la misericordia; gato ciego, andas tus huellas en la sombra de las mismas y gritas en corzo la podredumbre de las manzanas que te lanzaron y comiste. Hoy te caes valorado por morados balines y lanzas de terciopelo para morir coronado por Lucifer y Buda en el caldero de agua fría que te espera fatigado de locuras y con vahos melancólicos espesos; carabina de casquillos, disparas estrellas de opio y olvido para volver poema un hombre, y te recargas con esperanza y dolor, rapsoda del 2000, para luego volver a la carga con la boca llorosa y los ojos cerrados.
El mundo se aleja con sus montañas y en el silencio habita su éxodo lacrimoso, ya en tus venas un volcán ríe sobre las autopistas del destino, las infranqueables, esas que vomitas antes de que perplejo te ponga la avalancha. Solitario no caminas pues en ramos disecados, en simulacros envueltos por alas de cuervo rosa, te meces, parecido al reflejo que un espejo de septiembre te enseñó mientras comías la tierra con los dedos de hielo y azufre. Soldado quemado en las llagas ocres de la ambición, al tiempo que nombraste la palabra que te hizo grande abandonaste el minuto preciso en que comprendiste todo para nunca mas volver a entender; volátil máquina de huesos, ¿Por qué estiras la mano para fecundar belleza? No te creas, desnudo, el almíbar de la salvación; todo está perdido y ya lo aceptaste tatuando de cromo piel el símbolo diciente de lo que fuiste; sólo un hombre y polvo, apenas sentido y fatalidad hirviente.
Al poeta de la esfera de azul y verde lo acontece la catarsis mientras la neblina tóxica de la ciudadela le va matando el cristal de sus versos y le roba las uvas que alcanza bajo lo inestable de sus emociones; alegría pintada con óleo nacarado de hipocresía, ni juegues a intentar, sólo haz lo que venga, y a todos por igual, como si la muerte hubiera dejado su hoz en la sombra de los naranjos que perdiste mientras fumabas un río. La eternidad se pasea entre tus relojes; abandónalos; y la tragedia te la encuentras en la esquina cuando avanzas sin parar en este círculo ebrio de armonía y mar. Nada suicida, nada en las perlas que en su lúmina cegan tu nudo en la garganta.
La Pasiva¿Descansan realmente los hombres bajo la ciudad del ensueño?
¿Volverán a saber?
No lo creo, y menos me parece que yo tenga que soportar
los desvelos que se apropian de tu manto de perla negra.
Mujer atrevida, urbetaira,
ronroneas a las once y quieres hacer el alba amores
mientras entre tus habitantes
el amor se habita. Música de dos colores.
¿Ya te acuerdas de tu impaciencia,
sujeta burguesa de prendas roídas
y alhajas hurtadas de aquel mercado donde vendían
bultos de caricias, gajos manzanados,
cerezas que trajo el viento?
Búscame en la pasiva náusea de tu alma,
encuéntrame, y dalo por un hecho,
en el inconsciente de tus ornamentadas y perfumadas alcantarillas;
déjame invitarte de danza con el roedor y la greda negra,
permíteme silbar, correr, nacer y morir.
Abrázame con fuerza en último momento.
Tenme paciencia,
en el fondo roca fuerte de tu cuerpo
hay algo similar a la nostalgia y la caminata.
Nosotros.
Andrés Castaño Por: Juana Jiménez
El movimiento se manifestará cuando las palabras dancen.---------------------------------------------------------------------------------
Las calles se llenan de charcos que reflejan el cielo.
Un presumido pasa y valiéndole mas la chanza se moja los zapatos de tela y dice tener el cielo a sus pies.
Otros nadan de charco en charco en busca de Lucy. La chica de ojos de calidoscopio y porqué no, un diamante.
Los enamorados se sientan en el borde del andén y se besan pensando que están tocando el cielo, pero son sus manos que han olvidado y han caído al charco.
Los pájaros matutinos bajan de los árboles y toman agua antes de emprender vuelo pero ignoran que ya están en el cielo.
Los entes de traje gris pisan el charco y no notan su existencia, solo cuando sus lustrados zapatos se han manchado. Salpican los ojos de los que se detienen en busca de una nube con forma de dinosaurio o tal vez un mutante que surge al fusionar un poco de asfalto con fragmentos de cielo que cayeron como rompecabezas en forma de lluvia.
Los carros se acercan y esquivan los charcos para evitar todo contacto con aquellas aguas negras, los charcos entonces se revelan y atacan sus vidrios, las ventanas abiertas. Esta disertación se ve recompensada cuando la pequeña fuga de los carros deja desbordar la gasolina formando sensación en el agua.
Entonces lo locos se acercan y se la sollan tras un cigarrillo, que quizá los mas extravagantes sacrificarían en aquella mezcla para acabar de una vez por todas con esto.
Los niños ven el minúsculo charco como un gran lago que tienen que saltar para llegar a la otra orilla, donde estará el colegio que encierra grandes lagos en minúsculos charcos.
Los creyentes disimulan la mirada en busca de Dios.
Otros no tan vivos se pellizcan para saber si ya han muerto y les ha correspondido el cielo.
Pero ahora sale el sol que por última vez se reflejará en el charco, la pequeña pieza del rompecabezas vuelve en forma de vapor en espera de volver al la tierra de los mortales.
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La ciudad es interrumpida. Sus ruidos compuestos por el tic tac, el afán, lo pitos de los buses, motos y carros. Los gritos que no tienen remitente y el sonido de la ambulancia son detenidos por la controversia que asota la ciudad. ¿Qué es? ¿Quién se atreve a cambiar mi rutina?... son los árboles que despiertan y hacen temblar, son las matas en las materas que se escabullen he intentan volar, son las raíces que se desprendieron del asfalto para poder gritar, somos nosotros que necesitamos escapar.
¿Quién es?, ¿Quién se atreve a cambiar mi rutina?
Juana Jiménez